Ansiedad y depresión son dos trastornos emocionales complejos, que
implican también problemas en pensamientos y conductas. Aunque son
distintos, presentan ciertas similitudes que pueden ocasionar confusión
al intentar distinguirlos. Pasaremos en primer lugar a ver en que son
diferentes, para luego ver sus aspectos comunes y acabar con una breve
reflexión sobre el tema.
Aspectos diferenciales
La ansiedad es un sistema de alerta que se activa en previsión de un
peligro o amenaza futuro. Como respuesta intensa que es, resulta muy
fácil que se asocie a diferentes estímulos o situaciones. Genera una
marcada activación del organismo que sirve para que se pongan en marcha
conductas como el escape, la evitación o la lucha con los elementos
amenazantes. Por lo tanto, cuando se convierte en problemática (por ser
desmesurada respecto al estímulo que la genera, por presentarse
repetidamente y/o prolongarse en el tiempo) se trata enseñando
habilidades para reducir esta activación. Además es común que la
actividad fisiológica se manifieste también a nivel psicológico,
produciéndose un mayor número de distracciones, hipervigilancia,
aprensión, irritabilidad, inseguridad, etc. Los pensamientos y
evaluaciones están relacionados con la amenaza, la sobrevaloración del
riesgo y la minusvaloración de los propios recursos, etc. La ansiedad,
por tanto, se centra en la prevención respecto al futuro para que no se
produzcan ciertas consecuencias desagradables que se presuponen.
Además en los trastornos de ansiedad hay otra serie de
características diferenciales respecto de la depresión. No hay variación
a lo largo del día (salvo en algunos casos con fuertes componentes
anticipatorios, que suelen sentirse peor al despertarse y primeras horas
del día), ni en las diferentes estaciones del año. Por otro lado, la
ansiedad no implica perdida de la capacidad de disfrute y obtención de
placer, como sucede en la depresión.

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